miércoles, 28 de diciembre de 2011

Nueva historia - New history (2x10):

Todo pasó deprisa. Unos días antes de la boda, empezó a hacer mal tiempo, con lluvias intensas. Ana y yo estábamos preocupados por si llovía el día más importante de nuestras vidas. Tras mirar a la par por la ventana, fuimos a mirar las previsiones del tiempo en las noticias.

  - Presentador en la TV: Señores telespectadores, estamos teniendo saturación en cuanto a información en nuestra estación meteorológica. Nos anuncian unos cambios devastadores meteorológicos. Nunca habían sucedido con tanta brusquedad y de forma repentina.

Ana y yo nos miramos con cara de preocupación. Estábamos muy nerviosos y teníamos incluso miedo por nuestras vidas. Afuera llevaban 3 días lloviendo a mares y algunas calles estaban completamente inundadas. De repente en la televisión se cortaron las programaciones y apareció el presidente del gobierno en cámara para informarnos de un asunto bastante grave.


  - Presidente: Queridos ciudadanos: La situación climatológica en el país es bastante grave. Se ha producido un seísmo en el Mar Mediterráneo que ha provocado olas de hasta 30 metros de altura. Ciudades como Nápoles o Atenas han quedado arrasadas por los enormes maremotos que se han producido. Rogamos que se desplacen inmediatamente de las zonas de costa ya que tienen altas probabilidades de destrucción.


Nosotros nos quedamos en shock. Rápidamente cogimos 2 maletas y nos fuimos de casa. Cogimos el coche para marcharnos a la Gran Ciudad. En el centro seguro que estábamos a salvo. Podíamos ir a la casa de mis padres. En unas 6 horas estaríamos allí. Pero está claro que las predicciones no estaban de nuestra parte.


Cuando salimos a la calle, avalanchas de gente asustada estaba saliendo de sus casas llenos de cosas para llevarse. Nos metimos en el coche rápido  y salimos. Nuestra calle era pequeña pero aún así, nos costó salir 20 minutos de allí, y sólo para llegar a la carretera central.


Y definitivamente estábamos atrapados.


En la carretera habían millones de coches absolutamente parados e incluso, con la gente bajada de sus vehículos. Todas las poblaciones de la costa habían visto el comunicado oficial y huían, al igual que nosotros, aterrorizados. Al cabo de un largo rato en el coche, salimos y lo abandonamos allí, hasta que llegamos corriendo a la estación de trenes. Nada. Se habían marchado los últimos servicios. Y en el aeropuerto se habían cancelado todas las líneas de vuelo y no había ya nada que pudiéramos hacer para salir de una muerte casi segura. Entonces vimos un avión en la pista y fuimos corriendo a ver si podíamos subir. El avión estaba abarrotado de gente y allí un tipo militar nos dijo que no cabía nadie más. Entonces me tiré al suelo desesperado para que dejara pasar por lo menos a Ana. El hombre me dijo que por una persona más no pasaba nada y entonces tuvimos que darnos la última despedida:


  - Yo: Cariño tengo que decirte adiós. Es la última vez que nos vamos a ver, por lo menos en esta vida.


  - Ana: ¡No, no, no y no! No pienso subir a ese avión.


  - Yo: Ana, sube al avión por favor. No compliques más las cosas. Te salvarás y podrás continuar tu vida.


  - Ana: ¡Pero sin ti no tiene sentido!


El hombre estaba a punto de cerrar la compuerta y nos dijo que no había más tiempo.


  - Yo (Señalándola al corazón): Estaré aquí para siempre. Viviré en ti.


Ana finalmente entró en razón.


 - Ana: Hasta siempre Kiefer. Te quiero. Siempre vivirás en mí.


Y el avión cerró la puerta y se marchó por los cielos. Nunca olvidaré la última expresión en la cara de Ana.


Volví a casa a contracorriente de la gente que escapaba. 2 días más tarde un maremoto arrasó Costa de Luz y no quedaron supervivientes. La población fallecida en todo el país ascendió a 3 millones de personas.


Ana llegó en el avión a otro país, donde aprendió otro idioma y empezó una nueva vida. Nunca volvió a conocer el amor, ni estuvo con nadie más. Mi recuerdo debió de marcarla para siempre. Hubo muchas veces en las que Ana no podía más y tuvo la sensación de que tenía que acabar con todo. Pero lo único que la ayudaba a seguir adelante era la única frase que se repetía a diario una y otra vez: Él vive en mí.


Pasaron muchísimos años y Ana llegó a ser una ancianita adorable. En su vida llegó a ser una de las escritoras más famosas del planeta y una persona de prestigio. Murió en su cama, calentita y longeva.


Y desde allí, inició un viaje a un lugar ya conocido para ella. Los restos de otra vida se restauraron y todo lo bañaba la luz de un eterno verano muy cálido y agradable. Ana había recuperado su aspecto físico más bello, cuando realmente llegó a estar enamorada.






Entonces, llegó hasta una casa muy familiar en una calle donde habían muchas familias juntas y felices, todas vestidas de color blanco. Ella no estaba triste y sonreía muchísimo. Entonces algo, una corriente de brisa cálida la invitó a entrar a aquella casa que tan familiar le resultaba. Al entrar vio a una persona de espaldas en el pasillo, también vestida absolutamente de blanco. Al darse la vuelta vio que era yo. Nos sonreímos y salimos a fuera a jugar al jardín de nuestro eterno verano.


[Fin del 2x10 y de la Nueva Historia]

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